IMPORTANCIA DEL OPTIMISMO Y LA ESPERANZA EN TIEMPOS DE CRISIS

¿Cómo ves un vaso que tiene la mitad de agua? ¿Medio lleno o medio vacío? ¿Sueles ver las situaciones por las que atraviesas de manera positiva o negativa?

La persona optimista tiende a ver los aspectos positivos y las oportunidades y aprendizajes que hay detrás de cada experiencia. Muchas personas creen que ser optimista es ser soñador, e inclusive negligente al no querer ver la realidad tal cual es. Nada más lejos de la verdad. Ser optimista no es negar la realidad, el dolor y el sufrimiento. La persona optimista ve la realidad tal cual es, pero se posiciona ante ella de una manera diferente, viendo las consecuencias positivas que nos puede traer un acontecimiento adverso. El optimismo ayuda a adoptar una nueva perspectiva y a afrontar la vida desde el lado del crecimiento personal.

Martin Seligman (uno de los representantes de la psicología positiva), señala que frente a eventos negativos y cuando algo malo e indeseado nos ocurre, se moviliza la capacidad del ser humano de atribuir significado positivo a los acontecimientos.

De acuerdo con Peterson, otro psicólogo que ha estudiado el optimismo, este tiene un valor adaptativo, ya que ayuda a la persona a establecerse metas. Frente a la incertidumbre, la persona considera que hay una salida favorable, y por tanto se propondrá metas que la lleven a buscar información y poder actuar para hacer realidad esa salida. El optimismo lleva a la proactividad y a la búsqueda de alternativas posibles.

Cabe desterrar el mito de que ser optimista es ser alegre y divertido. Esas son características de una persona en su manera de ser, pero que no necesariamente implican una postura optimista. El optimismo es una manera de pensar y ver las cosas. Claro que puede estar acompañado de alegría, pero va más allá de un simple momento alegre. Es una actitud más permanente, una postura ante la vida. Esa postura implica la convicción de que las situaciones adversas o los resultados negativos son solo circunstancias específicas que no contaminan la totalidad de una experiencia. Siempre se puede sacar algo bueno de una mala experiencia.

El pesimismo, por el contrario, cierra las puertas al cambio al centrarse en lo negativo y no dejando ver alternativas de salida o solución de la situación. No hace posible el avance. También socava la autoestima porque la persona se siente incapaz de salir adelante. El pesimismo comunica derrota.

En el caso de la esperanza, podemos decir que se orienta hacia el futuro, y está unida al optimismo porque implica pensar que el futuro será mejor.

Bárbara Fredickson dice respecto a la esperanza: “La esperanza entra en escena cuando estás en una situación desesperada; no te está yendo bien o tienes poca certeza acerca de cómo saldrán las cosas. La esperanza surge precisamente en esos momentos en que la desesperanza o la desesperación se hacen probables”.

Thomas Edison dijo que no había fracasado en la creación de la lamparita eléctrica, sino que había probado 999 maneras de cómo no hacerla.

¿Cómo eliges vivir este tiempo difícil que estamos afrontando?, ¿con optimismo y esperanza o con pesimismo y desesperanza? TÚ ELIGES.

Rachel Watson Delucchi

Psicóloga

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