LA UNIÓN EUROPEA Y EL MEDIOAMBIENTE

En lo que respecta al ámbito medioambiental, la Unión Europea presume de tener una de las legislaciones más estrictas del mundo que al mismo tiempo busca ser compatible con el progreso económico, entendiendo la protección medioambiental como una oportunidad para el desarrollo de proyectos comerciales e inversiones que repercutirán positivamente en la sociedad al generar nuevos puestos de trabajo y fomentar el bienestar a nivel comunitario . Esta legislación además está en consonancia con diversas metas plasmadas en los documentos de trabajo de la Comisión Europea que se agrupan en objetivos a corto, mediano y largo plazo. Por ejemplo, en el plano energético, la Unión Europea espera reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% para el año 2020, en un 40% para el año 2030, y a reducirlas casi del todo para el año 2050, apostando por una industria competitiva y el fortalecimiento de una economía circular que a su vez necesitarán de incentivos aún más profundos para la investigación científica y la innovación .
Con el fin de lograr esas metas, la Unión Europea afirma fomentar la identificación de su ciudadanía con las políticas medioambientales porque entiende que una sociedad comprometida con las metas comunitarias constituye una gran ventaja al respecto. Además, se espera que las instituciones organizadas de la ciudadanía, en especial los gobiernos locales, desarrollen sus propios proyectos medioambientales y compartan entre ellas los resultados de dichas experiencias, contribuyendo de esa manera con las directrices propuestas por los organismos comunitarios .

La Unión Europea entiende por otro lado que la cooperación internacional en el cuidado del medioambiente es absolutamente necesaria, dadas las dimensiones globales de fenómenos potencialmente peligrosos como el cambio climático. Si la política medioambiental europea se restringiera a sus fronteras, estas poco podrían hacer para prevenir las consecuencias de los malos manejos de los recursos naturales en otras latitudes del planeta. Por ello, además de trabajar en la consecución de sus objetivos comunitarios, la Unión Europea por un lado apoya diferentes proyectos concebidos e implementados en terceros países a través de su financiación, y por el otro procura contribuir a las metas globales establecidas en los acuerdos de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, como el Acuerdo de París del año 2015, que busca mantener el aumento de temperatura global por debajo de los 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales .

Sin embargo, y a pesar del alcance de las políticas desplegadas, hay sectores sociales y políticos que consideran que el esfuerzo realizado en Europa es aún insuficiente. Prueba reciente de ello es el surgimiento de algunos movimientos contestatarios protagonizados por estudiantes jóvenes, muchos de ellos en edad escolar, que exigen medidas más drásticas para combatir el cambio climático y fortalecer el cuidado del medioambiente, fenómeno palpable principalmente en Bélgica a partir de enero de este año y que se prolonga hasta estos últimos días con marchas multitudinarias en Bruselas, considerada la capital de la Unión Europea, y en otras ciudades del país; manifestaciones que han gozado de la atención y simpatía de los medios de comunicación locales, además de haber sido motivo de debate en los parlamentos belga y flamenco. A manera de ejemplo, en estas protestas se ha exigido que para el año 2030 se reduzca en un 60% la emisión de gases de efecto invernadero , una meta mucho más audaz que la propuesta por la Comisión Europea en sus planes de trabajo. Si bien los voceros de algunos partidos políticos belgas han advertido de la posible manipulación o infiltración ideológica de agentes de agrupaciones ambientalistas en tales protestas (cuestionando así la espontaneidad del movimiento), resulta interesante comprobar que el discurso oficial de la Unión Europea con respecto al medioambiente y sus políticas articuladas a través de metas claras aún no logran satisfacer a todos los actores del sistema político europeo, algunos de los cuales parecen apostar por soluciones más radicales. 

 

 

 

Categorías: Columnistas

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